Pero que como aquí de lo que se trata es de hacer hoy literatura, y no de derecho, a pesar de mi condición de abogada.
Me gustaría traer, a colación, una reflexión desde la lectura del reciente libro escrito por Salman Rushdie “Cuchillos”, acerca de su intento de asesinato; en el que utiliza la ironía como la mejor manera de hacer frente al fanatismo.
Sin comparar hechos, ni circunstancias, pero con la familiaridad que estoy leyendo este libro, me atrae al pensamiento la ironía, como mejor manera de ejemplarizar en la sociedad, a veces, situaciones injustas.
Que reflejan, hasta qué punto, es ciertamente difícil poder cambiar estructuras, organizaciones, contratos, a pesar de las buenas intenciones, y de lo que todos proclaman como buena praxis.
La presunción de inocencia es un derecho, como también lo es la protección a las víctimas (en este caso de agresión sexual); como lo es hacer negocio con las responsabilidades civiles de presuntos incumplidores de la legalidad vigente.
Pero esto no debiera ser causa – efecto, para situarnos en un rincón del rin a esperar que nos toque la próxima pelea, frente a hechos y situaciones que, por lo compleja, que pudieran ser, no debieran desviarnos del camino de la ironía, para exponer lo injusto que es que a la víctima un procedimiento penal le cueste dinero, y a los presuntos victimarios les cubra un seguro, porque le corresponde por su statu quo. Una reflexión que por prudencia no me adentro por ser parte en el proceso judicial en curso.
Pero que quiero terminar con la frase siempre elocuente de Samuel Becket “Somos otros, ya no lo que éramos antes de la desgracia de ayer”.
Fdo. María José López González
Abogada
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