La industria exige espectáculo, y el concurso de los mejores, pero la industria no es el dios supremo de las competiciones cuando a costa de ello, se superponen jornadas, viajes, y carreras laborales que pueden acabar en graves lesiones; y no se olvide, en el deterioro del espectáculo. Es la avaricia que arrincona la racionalidad del trabajo.
De ahí que algunos futbolistas, y algún sindicato, AFE, hayan hecho una llamada de atención, y desde luego, asumiendo la responsabilidad en lo que respecta a posibles lesiones en el trabajo. Está claro que ahora más que nunca, y con un mecanismo como el futuro estatuto del deportista, debiera propiciar normas y servicios para garantizar que estos trabajadores sigan jugando y ejerciendo su derecho al trabajo. Lo que reivindicaría desde aquí es una especie de observatorio de la salud, -implementando medidas estándar a nivel nacional e internacional-, conformado por todos los implicados, para que se consensuaran estas competiciones, evitando el solapamiento, y se establecieran mecanismos inspectores que garantizara ese entorno seguro, frente a un riesgo de lesiones, ante las agravantes de competiciones sin tener en cuenta el derecho a la salud, y al ejercicio de la actividad laboral en un entorno saludable.
No tenemos que obviar que formamos parte del escenario de los países que suscribieron el Paco Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966, con el que se reconoce el derecho a condiciones de trabajo seguras y saludables.
Teniendo en cuenta, además, que la Constitución de la Organización Mundial de la Salud afirma que “el goce del grado máximo de salud que se pueda lograr es uno de los derechos fundamentales de todo ser humano”.
Por ello y debido a ello todos los actores del fútbol deberían trabajar en ese observatorio, en esas medidas de implantación que eviten solapamiento de competiciones, y generar el consenso necesario sobre el derecho de estos trabajadores a la salud, para evitar el incremento de lesiones, y la fragilidad de las mismas, que, como abogada en estos temas, observamos, con frecuenta que terminan en incapacidades, tanto físicas, como síquicas. El negocio no puede amparar y justificar todo.
Fdo. María José López González
Abogada
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